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ANTONIO
Y MARIA
Antonio
y Maria son dos jóvenes que se acaban de conocer en
una discoteca de la costa. Ambos viven con sus padres, pero
estos días pasan las vacaciones junto a unos amigos
en un pueblo turístico.
Maria celebra este año con sus amigas la finalización
de sus estudios universitarios, como aún no tiene trabajo,
ha tenido que pedir con el aval de sus padres, un crédito
que le permitiera pagar estas merecidas vacaciones.
A Antonio
le van bien las cosas, no tiene estudios superiores, pero
sus ganas de aprender le han servido para conseguir un buen
puesto de encargado en la fábrica donde trabaja. Su
sueldo le permite pagar cómodamente los plazos de un
coche nuevo, así como salir todos los fines de semana,
pagar las cuotas del gimnasio, presumir de móvil última
generación y vestir “de marca”
Tras las
vacaciones, todo va rodado, Maria encuentra trabajo muy pronto
gracias a sus buenas calificaciones y deciden irse a vivir
juntos en la gran ciudad donde viven. Se conforman con alquilar
un piso pequeño, que pueden pagar sin demasiados problemas,
aunque los caprichitos obligan algunos meses a recurrir al
crédito de la tarjeta para hacer frente a todos los
pagos que conlleva la vida en común.
Han pasado
ya algunos años y la familia crece. Con la llegada
del bebé es necesario una vivienda más grande,
y a pesar de los precios de los pisos, deciden comprar uno,
eso si, a 35 kms de la capital donde vivían y con una
hipoteca a 30 años.
Están
contentos porqué creen que han ganado “calidad
de vida” por el hecho de que en el pueblo donde ahora
viven hay más espacios al aire libre, menos contaminación,
etc.
Maria, casi sin tiempo de saborear su recién estrenada
maternidad, debe volver a trabajar; es la única forma
de afrontar los pagos (hipoteca, fines de semana, ropa cara…
por cierto, ahora necesitan dos coches y niñera).
Antonio,
al que le han aumentado varias veces el sueldo y antes disfrutaba
con su trabajo, ahora se ve obligado a hacer horas extras
y por descontado, ya no tiene tiempo, ni ganas, de ir al gimnasio.
Tanto él como Maria, buena parte del tiempo libre que
podrían estar juntos con su hijo, lo pierden en desplazamientos.
Cuántas
veces piensa Maria en dejar de trabajar fuera de casa, y Antonio
en buscar un trabajo más cerca de casa, pero están
atrapados en su propio sistema de vida.
Ambos
sienten que su vida se ha convertido en una rueda en la que
trabajan sin ilusión para cobrar a fin de mes y hacer
frente a los gastos y sobretodo, a los caprichos, que han
ido subiendo al mismo ritmo que sus sueldos. Todo esto, además,
con el miedo de que ocurra algo inesperado que suponga dejar
de cobrar ese salario “salvador” a final de mes.
De este
modo, cada vez son más dependientes de sus jefes, porque,
por supuesto, desde aquellas vacaciones en qué se conocieron,
nadie les aconsejó que deberían ahorrar e invertir
cada mes una parte de lo que ganan.
Y asi
será, hasta que se puedan jubilar; en ese momento,
dejarán al fin de depender de sus jefes, eso sí,
para pasa a depender del gobierno y de sus pensiones.
Esta es
la vida de Antonio y Maria, ¿conoces tú a alguien
así?
“No
es tan importante cuánto dinero cobras cada mes, sino
qué cantidad conservas y haces rendir, de modo que
todos tus ingresos no tengan que venir por tu trabajo”.
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