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Henry
Ford.
Industrial estadounidense.
(Dearborn, Michigan, 30 de julio de 1863 - 7 de abril de 1947)

Fundador de la compañía Ford Motor Company
y padre de las cadenas de producción modernas utilizadas
para la producción en masa.
Empezó a trabajar desde muy niño en un taller
de maquinarias en Detroit. Después estudió ingeniería,
llegando a ingeniero jefe de la Edison Iluminating Co. y en
1903 se estableció por su cuenta en Detroit, fundando
Ford Motor Co. que bajo su presidencia llegó a ser
la mayor fábrica de autos y tractores del mundo.
Creó el automóvil más popular que ha
existido, el famoso modelo T, llamado vulgarmente Fortingo,
del que vendió 10.000.000 de 1908 a 1924, luego se
superó con otros modelos como el V-8 que también
logró gran difusión. Escribió: Mi Filosofía
Industrial en 1929.
Henry Ford nació en una granja cerca de Dearborn,
Michigan, el 30 de julio de 1863, y asistió a escuelas
públicas. Hijo de unos pobres granjeros irlandeses
emigrados en 1847, desde niño demostró una gran
afición y dotes excepcionales para la mecánica.
Buen estudiante, compaginó sus estudios secundarios
en Dearbon con las labores agrícolas y ganaderas de
la modesta granja familiar. En este período construyó
ya su primer ingenio mecánico con pretensiones de tractor,
al que el propio Henry Ford bautizó con el nombre de
Fordson (el hijo de Ford).
Con apenas 16 años, en 1878, Henry Ford se fugó
de su casa para dirigirse a pie a Detroit, con intención
de trabajar como mecánico, lo que consiguió
pronto al ser admitido en un pequeño taller de maquinaria,
el Detroit Automobile Company. Al poco tiempo regresó
a Dearbon con la experiencia necesaria para dedicarse a la
reparación de máquinas de vapor y al estudio
y composición de relojes. En 1888 contrajo matrimonio
con Clara James Bryant, con la que estuvo casado toda su vida
y tuvo un hijo, Edsel, hombre brillante e imaginativo en el
campo de la dirección de empresas pero que siempre
estuvo tapado por la gigantesca sombra de su padre. En 1891,
Henry Ford regresó de nuevo a Detroit, donde comenzó
a trabajar en la Edison Illuminating Co., en la que pronto
pasó a desempeñar el puesto de ingeniero jefe
de mecánicos.
El nacimiento de la Ford Motor Company
Por aquel entonces, Henry Ford ocupaba la mayor parte de
su tiempo libre, fundamentalmente las noches, en la construcción
del que sería su primer coche sin caballos, que acabó
en el pequeño taller que tenía en su casa en
1896. Se trataba de un vehículo de cuatro ruedas arrastrado
por un motor de dos cilindros y de cuatro tiempos, refrigerado
con agua y sin marcha atrás. Aunque no aportó
ninguna novedad mecánica respecto a los autos que habían
fabricado los alemanes Gottlieb Daimler y Carl Benz, Henry
Ford introdujo novedades relacionadas con su construcción
en serie y con las ventajas económicas que proporcionaba
a los futuros usuarios (el coche salió a la venta por
tan sólo 200 dólares).
Gracias al relativo éxito de ventas de su primer coche,
en 1899 Henry Ford abandonó la Edison y se asoció
con su antiguo taller mecánico para fabricar coches
de encargo. Pero, debido a su fuerte carácter, a su
comportamiento un tanto excéntrico para la época
(pilotaba con éxito sus propios coches de carreras)
y, sobre todo, a sus ideas empresariales revolucionarias,
en 1903, cuando contaba cuarenta años, decidió
fundar su propia compañía, la Ford Motor Company,
donde pudo poner en práctica su propósito y
construir un modelo estándar, en serie, para abaratar
el costo y tener acceso al mayor mercado posible.
El sueño americano: el Ford-T
En Europa, la mayoría de las fábricas de coches
habían sido constituidas entre los años 1880
y 1890 por la compañía Daimler, que en 1896
sacó a la calle el primer camión y en 1900 el
primer automóvil verdadero (el moderno Mercedes), y
por la Benz (ambas acabarían fusionándose para
constituir la Mercedes Benz); pero en Estados Unidos, además
de la factoría creada por Charles Edgar Durgea, la
industria y producción de coches aún estaba
sin desarrollar, circunstancia que Henry Ford supo percibir
y de la que sacó provecho.
Asociado con los hermanos Dodge, fabricantes de motores,
Henry Ford, con tan sólo el 25% del total de las acciones,
comenzó a cosechar los primeros éxitos y también
los primeros problemas con sus socios. Los hermanos Dodge
se inclinaban por la fabricación de un coche de lujo
y de alto precio, mientras que Ford defendía lo contrario:
un coche sencillo, popular y, sobre todo, barato. La idea
principal de Ford era que, si fabricaba en serie los coches,
los costos de producción del automóvil se reducirían
ostensiblemente, lo cual contribuiría a bajar también
el precio de venta en la calle, circunstancia que haría
aumentar la demanda, el mercado y las ganancias.
Tras solucionar los problemas con sus socios y optar por
la compra del 58% de las acciones de los Dodge, Ford lanzó
por fin, a principios de 1908, la primera serie de su flamante
Ford-T a un precio único y revolucionario en el mercado,
500 dólares, bastante bajo en comparación con
los 2.000 dólares que constituían el precio
medio de un coche por aquella época. El éxito
fue fulminante y las ventas se multiplicaron por cinco. Fue
por aquel entonces cuando Ford, exultante y feliz, afirmaba:
"Daré a cada americano un automóvil del
color que prefiera, con tal de que sea negro". De repente,
una gran cantidad de campesinos y obreros de las ciudades
podían disponer de su propio vehículo, lo cual
revolucionó incluso los hábitos sociales del
país. El modelo Ford-T, que, según decía
la propaganda, "podía hacer de todo, incluso lavar
platos", se vendió solo, sin necesidad de una
campaña publicitaria de grandes proporciones, como
demostraron las apabullantes cifras de ventas: en 1916 se
vendieron medio millón de unidades, dos millones en
1923 y, para 1927, fecha de su retirada de producción,
se había alcanzado la friolera cantidad de 15 millones
de Ford-T (todos ellos negros, por supuesto).
Desde el punto de vista estrictamente empresarial, el secreto
de Henry Ford fue el haber sabido combinar tres factores decisivos.
El primero fue la normalización y la fabricación
masiva de todas la piezas que componían el vehículo,
de tal forma que, al congregar ordenada y racionalmente todas
las piezas sobre la cadena de montaje, se podían ensamblar,
en tan sólo 1 hora y 33 minutos, un centenar largo
de unidades diarias listas para salir a la calle. El segundo
factor fue la concesión a sus trabajadores de unos
salarios bastante altos (según sus competidores desorbitados),
de cinco dólares al día, con lo que logró
dos propósitos a la vez: incrementar el nivel de vida
de éstos, que inmediatamente pasaban a comprarse un
Ford-T, y rebajar todavía más los precios de
venta. Finalmente, Ford estableció a escala nacional
un tupida red de concesionarios, vendedores y expertos agentes
de publicidad, y fomentó otro sistema de pago revolucionario:
la compra del coche a plazos.
Hombre preocupado por la deshumanización que conllevaban
los nuevos métodos de producción que él
mismo aplicaba en sus factorías y fervoroso pacifista,
en vísperas de la entrada de los Estados Unidos en
la Gran Guerra financió varias campañas pacifistas
sonadas para detener el conflicto. Pero cuando comprendió
lo inevitable del mismo, Ford sacó su espíritu
pragmático e industrial y puso a disposición
del Gobierno todo el potencial de sus factorías, maniobra
que le proporcionó multimillonarios contratos de producción.
En el año 1919, Henry Ford fue obligado por un juez
a repartir beneficios entre sus socios minoritarios, entre
ellos los hermanos Dodge, los cuales le acusaron de no querer
repartir los beneficios de la empresa e invertirlos en la
fabricación de más coches, por lo que Henry
Ford, en una contraofensiva financiera brutal y expeditiva,
optó por comprar todas las acciones (por un valor de
más de 100 millones de dólares) para hacerse
con el control absoluto de la Ford Motor Company.
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